El coste oculto de un sistema tecnológico inestable
¡Qué peligroso puede resultar no saber cómo es nuestro sistema tecnológico!
A veces no somos conscientes de lo que podemos estar derrochando con un sistema “que más o menos funciona” o “que va funcionando”. Estas son respuestas que se siguen repitiendo, incluso tras el empujón digital de 2020 muy a nuestro pesar (seguimos digitalizando pymes con programas gubernamentales y particulares). Recientemente, leíamos en un informe elaborado por ASUS, “El futuro de las pymes 2025”, que, casi la mitad de las pymes reconoce que el mantenimiento y la actualización de sus sistemas son uno de sus principales retos. Aunque, solo un 42 % de sus responsables afirma actuar de forma realmente proactiva en la renovación de sus infraestructuras tecnológicas. Ante este panorama, desde Nebrimática decidimos actuar, crear conciencia y dedicar este artículo a identificar los costes de un sistema inestable.
“Bueno, sí, va funcionando.”
Pero, ¿qué hay detrás de este tipo de respuestas que nos dan las empresas cuando consultamos sobre su infraestructura tecnológica?
Seguramente, se refieren a que no sufren grandes caídas del sistema. Que sus ordenadores arrancan y funcionan. Que los programas se pueden abrir y, en definitiva, que el trabajo sale adelante. Precisamente por esto, es probable que nadie de la organización perciba el problema real.
“La cuestión no es solo si la tecnología funciona sino, si está preparada para sostener el crecimiento y la estabilidad de la empresa a medio y largo plazo”.
Jesús Trujillo (Director y Asesor Tecnológico en Nebrimática)
Es cierto, un sistema informático puede “funcionar” y a la par estar generando: pérdida de productividad, riesgos operativos, dependencia técnica, vulnerabilidades de seguridad y derivado de todo esto; costes ocultos reiterados.
No podemos normalizar la inestabilidad
Convivir con pequeñas incidencias tecnológicas durante años, termina considerándose normal. Pero trabajar con cortes de red, equipos que van lentos, errores recurrentes, problemas de acceso, sistemas desactualizados y soluciones provisionales, tiene su impacto en el día a día (por ejemplo, tiempo perdido y estrés), pero también en el cierre de cada ejercicio anual (menor eficiencia, costes de parchear). A la larga, todo esto se traduce en una constante sensación de inseguridad tecnológica, de inestabilidad y desconfianza.
Cuando la tecnología no llega y frena
Uno de los síntomas más habituales que diagnosticamos a nuevos clientes es trabajar sobre infraestructuras que se han quedado obsoletas. Como todavía funcionan, no se actualizan y encontramos: servidores antiguos, equipos sin capacidad suficiente, redes mal dimensionadas, sistemas que ya no reciben soporte. Por experiencia, mantener tecnología obsoleta suele salir más caro a medio plazo. ¿Sabes por qué? Aquí tienes algunas de las razones más habituales:
- Aumenta el riesgo de fallos.
- Empeora el rendimiento.
- Dificulta el trabajo diario.
- Limita la evolución de la empresa y su adaptación a los continuos cambios.
Según el Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE), los sistemas desactualizados son uno de los principales puntos vulnerables frente a incidentes de seguridad. INCIBE
El peligro de los parches
En nuestro país, somos muy de soluciones provisionales y para más de uno, no existe nada más definitivo que lo provisional. Que si un ajuste rápido, una próxima revisión pendiente, una modificación que, por el momento, puede valer… De ete modo, y poco a poco, el sistema tecnológico se convierte en una suma de parches difíciles de mantener.
En este punto, cabe destacar que, muchas pymes no disponen aún de una infraestructura tecnológica diseñada, sino un sistema que ha ido “sobreviviendo”.
Y ¿de quién depende el sistema?
En tu empresa, por ejemplo: ¿quién tiene el control y sabe cómo funciona todo? Puede que sea un empleado interno, un antiguo proveedor o “el informático de siempre”. Pero ¿qué ocurre cuando no está?
Si no se ha preocupado por documentar procesos y el conocimiento está centralizado, cualquier incidencia puede convertirse en un problema crítico. Un sistema tecnológico estable no debe depender de una sola persona. Una infraestructura diseñada define sus procesos, su control y establece una gestión profesional.
La falsa sensación de seguridad
En un reciente artículo poníamos el foco en el problema de las pymes al no aceptar una incómoda realidad: todos estamos expuestos a los ciberataques, más aún, las pequeñas y medianas empresas. Los ciberdelincuentes sacan tajada fácil de organizaciones con sistemas desactualizados, falta de monitorización, contraseñas débiles, así como de la ausencia de políticas de seguridad. En este sentido, el Centro Criptológico Nacional (CCN-CERT) nos lleva alertando años sobre el aumento de amenazas dirigidas a organizaciones con infraestructuras poco protegidas. CCN-CERT
El impacto técnico puede afectar a la continuidad del negocio, su reputación y a la actividad diaria de la empresa.
El socio tecnológico
Dadas las circunstancias de la era digital que venimos describiendo, en Nebrimática también nos hemos adaptado. Si bien hace ya algunas décadas, atendíamos a clientes ocasionalmente cuando detectaban un fallo en sus equipos, hoy somos el socio que se adelanta y previene problemas. Como el utillero que reparte agua incluso antes de que los jugadores perciban que tienen sed, nos adelantamos, planificamos y acompañamos para garantizar la continuidad operativa.
Somos el partner que no solo actúa cuando existe un problema, sino que trabajamos para que el problema no llegue a producirse.
La estabilidad y la productividad
Nuestra misión es que nuestros clientes cuenten con infraestructuras tecnológicas estables. Esto se traduce en trabajo que fluye, equipos que responden e incidencias que disminuyen. Y todo ello genera, sin duda, tranquilidad que impacta en la productividad.
Entendemos la tecnología como el soporte que acompaña el crecimiento de la empresa, evitando que sea una fuente constante de incertidumbre.
Funcionar más o menos hoy, no vale
La tecnología ya no puede ser un elemento secundario en una empresa. De su
infraestructura depende su capacidad para trabajar, crecer y competir. Por eso, hoy más que nunca la estabilidad tecnológica es un requisito de productividad. ¿Hablamos?







